El VAR nunca ganará al vicio de la queja

Ir hacia adelante no es sinónimo de evolucionar. Muchas ocasiones pensamos que estar en movimiento, ser dinámicos, es la norma, lo que debe priorizar, cuando muchas de esas veces se hacen con ideas basadas en claroscuros, sin tener demasiado claro el objetivo. Eso no es evolucionar. Es intentar retos, aceptar caminos, pero no siempre producir de forma positiva.


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Seguramente en los últimos días hayáis oído hablar sobre esa nueva herramienta tecnológica instalada e instaurada en el mundo del fútbol llamada VAR. La victoria de la Real Sociedad (por si alguien ha olvidado que el conjunto donostiarra fue el ganador de ese encuentro) ha generado un debate mediático que ha superado ese aura de 'cuñaísmo' (permitidme el término) rancio que muchas veces engloba el fútbol. No hacer caso a las polémicas baratas, de Hacendado, es sencillamente fácil. Lo complicado llega cuando aparecen los clubes, instituciones oficiales, de décadas de historia, y activan el foco todavía mucho más candente. Lo que antes era ruido de verbena veraniega en un pueblo se ha convertido en los grandes monitores de Tomorrowland. Pero estaréis de acuerdo que si usamos las grandes tecnologías de un evento como Tomorrowland para emitir música de Manolo Escobar, Fórmula Abierta o El Pollito Pío, no es lo mismo, ¿verdad?

El VAR ha generado una polémica en el fútbol español. Vaya, sorpresa. La herramienta tecnológica que llegaba para censurar toda salida de tono del camino instaurado por el reglamento genera polémicas. El VAR, ¿o el foco mediático del omnipresente Real Madrid? Quizás sea más producto de lo segundo que de lo primero, ¿verdad?


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La derrota del Real Madrid frente a la Real Sociedad (reiteremos que ganó el conjunto vasco. Sí, 0-2) ha provocado miles opiniones, millones de reacciones que han desvirtualizado una realidad que refleja un deterioro deportivo del imponente proyecto 2017/18 del conjunto madridista. El actual campeón de Europa no carbura. Aquel equipo histórico que maravillaba a nivel continental de la mano de Zidane y Cristiano Ronaldo, entre otros, está margando registros históricos, pero para mal.

Se habla de errores arbitrales, de jugadas concretas, y se dejan de lado factores deportivos como la falta de gol, la falta de puntería de sus jugadores, la falta de carácter de algunos de sus futbolistas, de malas dinámicas físicas de determinados jugadores que acaban mermando el rendimiento. No. Poco análisis. Mucho ruido, pero ninguna solución.

El VAR llegaba para aportar soluciones y bajar el tono. La tecnología se instalaba para silenciar la ilógica voz de la queja popular. Ahora bien. Cuando la queja no viene de abajo, sino del propio club, la tormenta se ha convertido en un huracán que está arrasando todo punto de vista que nuestra mirada quiera abarcar. Aquí, ahí y allí. Mires donde mires. El VAR. El Real Madrid. El penalti de Vinicius. Y no, la Real Sociedad y su 0-2 en ningún lado. El club madridista usó sus medios oficiales para filtrar una celebración del cuerpo arbitral encargado del videoarbitraje para echar leña al fuego, para señalar. ¿La intención? Ninguna real, parece.

Este método de videoarbitraje sigue dejando dudas. Es evidente. Primero, porque si una jugada como el penalti sobre Vinicius (que todo el mundo prácticamente da como posible) acaba siendo solucionada bajo el criterio arbitral se ofrece evolución mínima. Sí, muy bonita, emocionante con esas pausas infinitas para decidir, pero si finalmente una jugada tan polémica en la que parece que Vinicius cae por derribo acaba siendo decidida por la subjetividad humana no se evoluciona absolutamente nada. Segundo, porque siguen existiendo 'vacíos legales' sin cubrir, siguen existiendo puntos muertos en los que es imposible aportar soluciones y la jugada sobre el brasileño es el claro ejemplo.

A todo esto, ¿les habrán sumado los puntos en la clasificación a la Real Sociedad? 


Artículo realizado por Esteban Gómez (@mirondo9)