Estado de forma de Alexander Zverev
Zverev llegó a la final no a través de una carrera heroica, sino con un control sereno. En seis partidos cedió dos sets, y en semifinales superó a Jakub Mensik (7-5, 6-2, 3-6, 6-3). En el tercer set bajó el nivel tras el parón médico de su rival, pero en el cuarto el alemán recuperó rápidamente el orden. Para él es su segunda final en París y la cuarta final de Grand Slam de su carrera.
Zverev sostiene su juego con el saque y un revés largo. Cuando le entra el primer servicio, el rival rara vez recibe oportunidades gratuitas al resto. En tierra batida se siente cómodo alargando los peloteos y obligando al oponente a pegar un golpe de más. El punto débil sigue siendo el mismo: bajo la presión de una final, el golpe de derecha puede venirse abajo y la decisión en un momento importante a veces llega tarde.
En cuanto a la salud, no hay grandes dudas. La carga después de la semifinal es mayor que la de Cobolli, pero un partido de tres horas contra Mensik no parece crítico para un jugador con tanta experiencia en encuentros a cinco sets. El principal riesgo no es físico, sino el peso de las finales anteriores. En tres partidos decisivos de Grand Slam, Zverev ya se quedó a un paso del título.
Cifras importantes:
En Roland Garros suma 44 victorias y 10 derrotas.
En el torneo de 2026 ganó 18 sets de 20.
En los enfrentamientos directos contra Cobolli, el alemán domina (3:1), incluida una victoria en Roland Garros el año pasado.
Estado de forma de Flavio Cobolli
Cobolli está firmando el torneo de su vida y ya se ha garantizado un puesto en el top 10. Superó las tres primeras rondas sin ceder sets, en la cuarta doblegó a Zachary Svajda con dos tie-breaks, y en cuartos remontó el partido contra Félix Auger-Aliassime (4-6, 6-4, 6-4, 6-4). No disputó la semifinal: Matteo Arnaldi se retiró por una enfermedad vírica.
Cobolli no se limitará simplemente a defenderse. Le gusta tomar la iniciativa en el peloteo, trasladar rápido la presión con la derecha y no teme jugar a las líneas. En tierra batida, su movilidad y su paciencia han mejorado de forma notable. Pero su agresividad exige un juego limpio: cuando baja el porcentaje del primer golpe, el italiano encadena rápidamente series de juegos cedidos.
La frescura es una ventaja real. Sin semifinal, Cobolli obtuvo un día extra de recuperación y no gastó fuerzas en el partido contra Arnaldi. Pero el ritmo tras la pausa es una cuestión aparte. Aún más importante es la experiencia: disputa por primera vez una final de Grand Slam, mientras que su rival ya ha pasado tres veces por esa trituradora de nervios.
Cifras importantes:
En París, Cobolli ganó 15 de los 17 sets que disputó.
En partidos a cinco sets, el italiano tiene un balance de (3:2).
En abril, Cobolli ya derrotó a Zverev en tierra batida en Múnich (6-3, 6-3).
