¿Se ha roto la burbuja de Kang-in Lee?

Las pompas de jabón tienen algo mágico. Nos maravillan cuando somos pequeños y nos siguen hipnotizando cuando somos adultos. ¿Quién no se ha quedado mirando, aunque sean unos segundos, cuando se nos cruza en el camino una pompa de jabón? Ese seguimiento para ver si acaba explotando o, en su defecto, cuánto dura en hacerlo.

En la zona Hammer de Londres, en el estadio del West Ham, incluso han conseguido que las pompas de jabón sea insignia del club. Su máquina de crear pompas en la salida de los futbolistas y su ya mítico 'I'm forever blowing bubbles' han hecho que sean marcas registradas que enamora a conocidos y extraños. Ellos, como nosotros, están enamorados de las pompas de jabón.

Pero, ¿es lo mismo una pompa de jabón que una burbuja? Quizás el concepto puede crear caminos divergentes, pero su naturaleza (al menos visual) puede asemejarse, aunque en muchas ocasiones se tiende a contextualizar unas (las pompas de jabón) a escenarios bonitos, mientras que a las burbujas muchas veces se les acaba colocando significados incluso negativos.

“Esta persona vive en su burbuja”, “La burbuja inmobiliaria” y muchas expresiones acaban señalando a las burbujas como algo alejado de lo mágico, de lo estéticamente hechizante.

Hablemos de la burbuja creada en torno a la figura de Kang-in Lee, futbolista surcoreano del Valencia. Reconozco que es un futbolista que me llama la atención, que incluso me gustó mucho hace un año y medio. Pero ahora mismo, cada vez más, me ocurre que la decepción empieza a instalarse de forma más acentuada sobre su figura, sobre su rendimiento y en mi cabeza ya me planteo si el Valencia debería plantearse una salida. Una salida en forma de cesión, claro, ya que, insisto, me parece un jugador interesante.

Sus salidas al terreno de juego como revulsivo, su papel de ser canterano del equipo y su espectacular (fue designado MVP del campeonato) mundial sub-20 con su selección, Corea del Sur, en 2019, hicieron que se creara sobre él una burbuja que para nada le ha beneficiado. Quizás por su juventud, quizás por su falta de madurez sobre el campo que le convertía en un futbolista con una toma de decisiones vertiginosa.

Lo cierto es que Kang-in Lee era un futbolista muy atractivo. Su fútbol atrapaba a conocidos y extraños. Sus arrancadas electrizantes llamaban la atención. Y en Mestalla, sin haber conseguido grandes éxitos como jugador, acabaron colocándole un pequeño rincón en los corazones de la afición.

Pero aquella burbuja se rompió. Se quebró. Explotó. Una burbuja creada sobre su figura que ya no existe por una serie de razones y que, ahora, le han dejado en un escenario frío, solitario, casi apartado, como olvidando aquellos meses de esplendor en los que el surcoreano maravillaba. Uno se sentaba a ver un partido del Valencia, llegaba la última media hora de encuentro y sabía que el joven jugador podría saltar al campo. Pero no. Ahora no. Ahora frío, casi olvido, casi decepción echando la mirada atrás.

La burbuja de Kang-in Lee se ha roto y es el momento de tomar decisiones para que recupere esas sensaciones ofrecidas. Una cesión para tener los minutos necesarios podría ser una buena decisión. Tiene 19 años recién cumplidos y él debe ser el primero en ser consciente de que ser titular en el Valencia no es fácil, ni sencillo.

Es canterano, conoce el entorno, el club, la afición y la ciudad. Sí, pero debe reaccionar. Debe reaccionar, quitarse ideas dañinas de la cabeza, olvidarse de renovaciones que inundaron los titulares hace un año, y emprender de nuevo el camino de la productividad.

Todo esto nace de su frialdad, de su segundo (incluso tercer) plano mediático. Todo se ha enfriado, la burbuja Kang-in Lee no existe. Sus minutos ya no se traducen en nada. Todo ello naciendo de la surrealista decisión del club (partiendo de la explicación oficial, claro) de despedir a Marcelino y fichar a Celades bajo el contexto de, así, dar más protagonismo a la cantera. Ni una cosa, ni otra. O al menos a nivel de resultados. Kang-in Lee, un buen ejemplo de ello.

Ya no es que no haya tenido más protagonismo, sino todo lo contrario. Se ha enfriado, se ha apagado, se ha alejado de aquella imagen explosiva, de revulsivo, que se creó en torno a su figura. ¿Era real todo aquello? También sería interesante analizarlo.