Niños, niñas: un cuento llamado 'efecto Solskjær'

Se esfumó. Se acabó. Se erosionó. Si alguien pregunta en la zona roja de Manchester por el 'efecto Solskjær' que había cambiado el clima, el día a día, incluso el estado de ánimo de la grada, nadie sabe qué ha pasado. Tampoco sabían cómo se había instalado, pero ya no está. Ya no existe.

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El Manchester United ha dado varios pasos serios hacia atrás. El conjunto de Manchester ha vuelto a dar síntomas de debilidad, de fragilidad y su dinámica de resultados ha empeorado de forma drástica en el peor momento posible. Muchos aseguran que estos últimos tropiezos han llegado justo cuando menos deberían haber aparecido.

Un barco el del United que viajaba en mitad de una tormenta a la cuál se enfrentaban con temor de naufragar. Traspasaron con un sólido éxito la robusta marea y vieron cómo el cielo cada vez iba abriéndose más para vivir días soleados en alta mar. La tormenta había pasado y los daños eran menores. Además, la climatología les permitía disfrutar de la velada, del trayecto. El mar estaba en calma, los motores funcionaban con su cadencia más óptima y una preciosa ciudad en el horizonte hacía presagiar que aquellas tierras que veían era eso que ellos llaman viejo continente. Los ingleses son así. Son europeos, pero no pertenecen al viejo continente. Ellos son islas, y como islas pertenecen a otro estatus. Dicho esto, la orilla se veía. “¡Tierra a la vista!”, gritaban. Tras la tormenta con el capitán Mourinho, todo parecía sonreír desde la llegada del capitán Solskjær procedente de tierras noruegas. La tormenta había quedado atrás, los daños eran menores y el objetivo de llegar al puerto europeo deseado se había conseguido con éxito absoluto.

Pero no. Nadie sabe qué ha pasado. Pero las aguas han vuelto a ser bravas. El mar vuelve a ser duro, violento, y los grandes daños vuelven a estar en el horizonte frontal, no trasero. Los problemas vuelven a venir de cara. El Manchester United caía eliminado de la Champions League ante el Barcelona de forma rotunda y varios tropiezos ligueros han hecho que sus opciones de clasificarse para la máxima competición continental la próxima temporada se hayan visto reducidas casi a la nada. Sí, otra vez la tormenta.

Quedan tres jornadas de Premier League y el Manchester United ni siquiera tiene su plaza directa de Europa League en el bolsillo. Mucho menos, entenderán, una plaza de Champions. La competencia es máxima, mayúscula, con tintes de negrita y un tamaño muy llamativo. Tottenham, Arsenal, Chelsea y Manchester United pelearán por dos plazas de Liga de Campeones (las otras dos irán destinadas a Manchester City y Liverpool, que pelean por el título). Luego queda la plaza directa de Europa League y la otra restante que sí obliga a la fase previa en verano. Y en todo este contexto de locura deportiva que va a vivir la Premier League en sus últimas pinceladas 2018/19, el Manchester es el que peor lo tiene.

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Varios han sido los tropiezos, pero el último (en Goodison Park ante el Everton, 4-0) ha podido ser el peor de todos y en el peor de los momentos. Cuando menos pasos hacia atrás se deben dar, el Manchester United ha sido protagonista en clave negativa. La derrota es negativa, sin duda, pero además viene acentuada con el sólido peso consecuente de una goleada que ha hecho desaparecer, para muchos, el adorado por la parroquia local 'efecto Solskjær'. El noruego llegó a ser el salvador, el héroe que enamoró en 1999 y que había vuelto a hacerlo. Pero se acabó. El Manchester United tiene complicado entrar en Champions League (el gran objetivo de los últimos meses) e incluso la quinta plaza no está asegurada del todo. Todo ello con un calendario que no ayuda en exceso.

El 'efecto Solskjær' se ha esfumado y la preocupación en Old Trafford ha vuelto a instalarse por la incertidumbre, el desconcierto y la sensación de que ya no se depende de sí mismo, que los resultados deberán tener complementos de terceros, ajenos a sus decisiones, y entonces todo se ha vuelto nuevamente gris. Un gris oscuro.