Luka Modric, ¿la primera piedra de la reconversión?

Luka Modric-Mohamed Salah ha sido elegido por la FIFA el mejor futbolista del mundo, pero pese a ello muchos siguen poniendo en duda el valor real de este tipo de galas y, al mismo tiempo, de los galardones que se entregan.


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La burbuja de los premios individuales está a punto de explotar (si es que no lo ha hecho ya). La bipolaridad capitaneada por Leo Messi y Cristiano Ronaldo en la última década ha sido meritoria (seguramente estamos hablando de los mejores del mundo), pero al mismo tiempo ha degenerado en un desinterés que ahora quiere renacer, pero que sigue teniendo matices sin resolver que pueden acabar provocando en la 'siesta atractiva' que algunos ya temen.


Ni el premio The Best ni el Balón de Oro interesan como antaño. Y sí, este año hubo cambios con nombres nuevos como Luka Modric (quien finalmente se alzó con el galardón 2018), Mohamed Salah, o algún invitado más que pueda sumarse a los primeros puestos de cara al Balón de Oro, más adelante a finales de año. Pero estos cambios que muchos aplauden, que muchos gritan a los cuatro vientos un “¡Bien, por fin!”, llegan cuando la mar está en calma, cuando la tormenta del interés real ha pasado. Por fin nombres nuevos con opciones reales. Nadie quita ni razón ni sentido a esta postura. Fueron reales las opciones de Modric o Salah de cara al The Best, por ejemplo, pero llegaron tras una década donde Messi y Cristiano Ronaldo acaparaban todo, y eso ha provocado que ahora este tipo de galardones generen más de un bostezo.


Unos premios que, además, no acaban de reflejar exactamente qué definen, qué eligen. Unos premios que, también, presentan sobre la mesa unos argumentos de elección cargados de dudas, de misterio, porque nadie explica exactamente qué se premia. Unos dicen que el año natural (2018, en este caso), otros que la temporada pasada (pero se entrega la siguiente), algunas corrientes que dan prioridad a los méritos colectivos sobre los realmente individuales, y por si esto fuera poco existen ecos populares que directamente afirman que no premian al mejor jugador (porque entonces se lo debería llevar Leo Messi de forma vitalicia hasta el día de su retirada profesional).


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Por un lado, un criterio repleto de incógnitas. Por otro lado, una década donde la bipolaridad de los Messi-Cristiano ha echado por tierra el prestigio de este tipo de premios individuales. Y sí, reitero, este año parece que es el año del cambio, donde (por fin) ni Messi ni Cristiano Ronaldo se alzarán con los premios (lejos queda aquel Kaka' que ganó el Balón de Oro en 2007), pero cuando el terreno está repleto de cenizas por un incendio mediático de estos años, donde los pro-Messi y los pro-Cristiano se enfrentaban hablando de lo justo, o injusto, de las elecciones oficiales, ahora es complicado andar. Es complicado volver a una realidad o rutina ya olvidada por muchos y que, por ausencias como las de Griezmann, por ejemplo, que ha hecho méritos enormes para estar presente (incluido todo un mundial de selecciones), parece que no acaba de ilusionar un cambio que ya es una realidad.


Estos premios ya no interesan. O seguramente ya no interesen igual, ya que el día de la elección el tema de debate, las encuestas, y los medios de comunicación vuelven a poner el foco sobre estos premios que son más publicitarios y económicos a nivel de marcas y patrocinios que deportivos realmente. ¿Cambiará esta sensación el próximo año? Está por ver, porque en la era de las redes sociales si los finalistas son 3 habrá quejas, si los finalistas son 5, también, y es un vicio instaurado del que va a ser complicado salir.


Que no ganen estos premios Messi y Cristiano Ronaldo, ¿será clave para la reconversión deportiva y mediática de este tipo de galardones individuales? Para empezar, ninguno de ellos se han llevado ni el premio de la UEFA ni el premio de la FIFA. ¿Comienza una nueva etapa?


Artículo realizado por Esteban Gómez (@mirondo9)