Griezmann, ¿a qué estás jugando?

Hace unos días expresaba en este mismo blog que los grandes culebrones tienden a aburrirme, tienden a provocarme incluso algo de rechazo por las mil vueltas que dan para (muchas veces) volver al punto de inicio. Hoy aquí, mañana allí, y pasado quizás al barrio de más allá. Pero es cierto que es imposible mantenerse al margen cuando, además, por motivos profesionales debes estar al tanto de las últimas actualizaciones.

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Hoy hablaremos de Antoine Griezmann. Un futbolista que ha tomado un camino deportivo criticado desde diferentes puntos de vista, desde localizaciones dispares, variadas, porque sus decisiones implican a varios clubes y lo que parecía un fichaje casi seguro ha desencadenado una serie de sucesos dispares que han convertido su futuro en un rocambolesco menú diario de informaciones al que acuden miles de personas para ver qué ocurre finalmente. Quizás ese sea el error, que se consume.

El pasado verano puso en duda su futuro al dejar caer que podría dejar el Atlético de Madrid. Pero lo hizo de una forma diferente, pocas veces vista: con un documental. Un documental, un documento audiovisual que tuvo en vilo a un país, y creo que no exagero demasiado. Por un lado, los aficionados del Atlético, quienes veían posible el adiós de su ídolo. Por otro lado, los aficionados del Barcelona, quienes veían la posibilidad de que el fichaje por el conjunto catalán fuera real. Y en general, por miles de curiosos que siguieron de cerca aquel documental que será recordado durante mucho tiempo.

Eligió el Atlético. Eligió continuar, seguir en el proyecto. Pero no a cualquier precio. Decidió que los colores rojiblancos seguirían siendo sus referentes tras una renovación de altos vuelos, estratosférica, superando los veinte millones de euros anuales. Una decisión bastante arriesgada del club que, por otro lado, se traducía en plena confianza por seguir contando con sus servicios deportivos.

Sin embargo, aquello abrió la caja de los truenos, la Caja de Pandora. Muchos aficionados atléticos se lo tomaron como un gesto despectivo buscando sólo mejorar su contrato. Muchos aficionados culés, lo contrario, que se había usado al Barcelona para conseguir esa histórica mejora contractual. Y ahora, un año después, apenas una temporada más, el jugador anunció que dejaba el equipo. Esta vez de forma oficial, directa, sin documentales, sin rodeos. Un comunicado del club dejaba claro que las intenciones del jugador eran las de abandonar el barco colchonero un año después de haber firmado un contrato que será recordado durante mucho tiempo en el Wanda Metropolitano.

Pero ahora, nada parece sencillo ni fácil. El Atlético de Madrid permitirá su salida, pero siempre y cuando su traspaso se adapte a unas condiciones concretas y firmes. No van a malvenderle. Sin embargo, parece que lo sucedido el pasado verano no sentó demasiado bien en el vestuario del Barça, ya que algunos jugadores (entre los que parece se encuentran pesos pesados) no vieron con buenos ojos que se jugara en cierta medida con el club para beneficio propio. Es por ello que ahora, según informaciones surgidas en tierras catalanas, el vestuario azulgrana habría vetado en cierta medida su llegada.

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Una afición que (tras el polémico documental y el anuncio oficial) ha perdido cualquier tipo de admiración y seguridad en él. Un vestuario que (según dicen) no le recibiría con el mejor ni el más sincero de los abrazos, pese a que la intención del club incluso a nivel oficial ha sido la de intentar su fichaje. Una situación compleja.

Griezmann sigue siendo jugador del Atlético. Tiene contrato. Pero ya sabe que es enemigo de muchos conocidos en el lugar y que, ahora más que nunca, su futuro podría estar fuera. Del otro lado ya sabe que su pasada decisión podría hacerle sentir más de una incomodidad y que además ya ha generado problemas legales e institucionales entre clubes en forma de comunicados oficiales.

El delantero francés erró. El atacante galo cometió un error en las formas. Un año después muchos aseguran que existe un acuerdo para que su traspaso al Barcelona sea oficial este verano, incluso a corto plazo. Pero la crispación de unos y otros le han convertido en protagonista directo y foco de un culebrón que ha sobrepasado las líneas y fronteras de lo deportivo. Todo ello, por si fuera poco, con el omnipresente rumor de un PSG que (según han confirmado voces en París) podría ver en él el sustituto de Neymar.

Un culebrón que parece no acabar, que tiene ciertos tintes críticos, polémicos, que ha provocado un incendio mediático digno de una producción audiovisual. Griezmann puede estar en uno de los momentos claves de su carrera deportiva, pero lejos de estar feliz, cómodo, seguro, el aura adquirido por su futuro ha convertido uno de los grandes fichajes del verano en un tema que empieza a adquirir un aura turbio. Incluso aburrido.