Dos hombres con un mismo destino

Año 2018. Un conocido delantero francés decide hacer sus pinitos en el mundo del cine y graba una copia de lo que hiciera LeBron James en 2010. Quizá llegaba 8 años tarde…

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En resumen, el video terminó con un cotilleo de meses deshojando la margarita del “me quedo”, “me voy”, “me quedo”, “me voy”. Casi 1 hora de programa donde se le veía llorar, pasarlo mal, ir a ver a sus caballos y mil payasadas más para finalmente decir que se quedaba, que el club al que pertenecía era lo más grande y que, por la módica cantidad de 23 machacantes al año, besaría el escudo de la camiseta que lucía una y otra vez. Pero, la pasta, por delante…

Todo esto pasaba en Junio de 2018. Desde entonces, el conocido delantero francés ha “jugado” con el equipo al que, de momento, pertenece. Eso sí, bajo sus condiciones. A la ya consabida subida salarial se añadieron otras medidas, como fichajes de amiguitos, rebajas de la cláusula el mercado veraniego siguiente y mil “flecos” más. Pero no era suficiente. Así, fueron pasando los meses, demostrando un fútbol más bien modesto, muy lejos de merecer la enorme subida salarial que había recibido. Podríamos decir que hasta se aburría en el campo y se dedicaba a hablar con otros jugadores rivales. Especial mención merece la charla con un tal Umtiti, puede que les suene, donde hasta un compañero del ariete tuvo que recordarle para qué equipo jugaba y quiénes eran sus compañeros. Pobre Lagarto…

Fueron pasando los meses y, de pronto, llegó uno de los momentos más tóxicos en la vida de un futbolista: las negociaciones con otros equipos mientras peleas por títulos. La cabeza se te nubla, no juegas una mierda y así pasa lo que pasa, que tras toda la noche leyendo papelitos, lo que haces en Turín es un “papelazo”. No nos engañemos, todos los futbolistas negocian con contrato en vigor. El problema es hacerlo cuando te estás jugando algo gordo y, sobre todo, dejar que te afecte tanto como para que tu rendimiento se vea disminuido.

Ahora, bien. El equipo que se vio perjudicado con el video casero del francés, decide ponerle puertas al campo y, tras tanta negociación, le hacen firmar un precontrato. En Marzo. A un jugador. Con contrato en vigor. Contrato con un equipo al que estás disputándole LaLiga. Todo muy normal y muy legal. Pero, ahí está, el papelito famoso al que un señor se refería durante una corrida de toros. El papelito de la discordia.

Porque, hasta Junio de 2019, todo era muy bonito. El día siguiente al último día de Junio, la cláusula bajaría, se ejecutaría la compra y jugador nuevo para… ¿ilusionar? a la afición. Pero llegó un señor, un jugador que ya había estado en el equipo al que iba ir el delantero francés. Un señor que se fue por miedo a que convivir bajo el mismo techo que la mayor estrella del fútbol mundial fuera a eclipsarle. Un señor que se fue a Francia sin tener ni idea de la Liga a la que se iba y la repercusión mundial que tendría un PSG-Lille comparado con un Barsa-Getafe. Vamos, que la cagó. Que no le veía ni su padre. Que sólo se veían de él 10-15 partidos al año mientras que antes, cada fin de semana, copaba los resúmenes globales.

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No llevaba ni 2 meses en París y ya pedía volver a “casa”. Que se sentía sólo. Que se había equivocado. ¿Lo del hijo pródigo? Bueno, pues similar. Pero no podía ser. Un señor muy malo muy malo muy malo decía que no se vendía, que él había pagado un dinero y que tenía un contrato firmado.

Pero fue pasando el tiempo y quiso la Diosa Fortuna alinear los astros para que el señor malo, malo, malo decidiese sentarse a negociar, mitad porque se había cansado de ese juguete, mitad porque tenía un juguete más nuevo y más mejor y más todo. Y, claro, el Hijo Pródigo vió cómo se le abría el Cielo y no esperó ni un momento para llamar a Papá Barto y pedirle volver a casita. Ante semejante caramelito, Papá Barto no pudo decir que no, obviamente.

¿Y qué pasa ahora? Pues que tenemos a dos niños grandes que como no les dejan ir a la clase que ellos querían, han decidido no ir al cole hasta que puedan ir donde quieren.

¿Y cómo se va a solucionar esto? Pues difícilmente, porque el francesito tiene un papel firmado que le asegura irse a donde quiere, pero visto que se pueden traer al juguete roto, los problemas han empezado a ser económicos. Entre los 120 de la cláusula del francesito y lo que parece, superará, los 250 del juguete roto brasileño, se van las cifras cerca de 400 kilos. Y eso no hay economía, sumergida o emergida, que lo soporte en el mismo verano.

Y en esas estamos. Todo parado esperando a que un club saque dinero de debajo de las piedras para detener la rebeldía de dos niñatos que están incumpliendo sus contratos porque quieren sentarse a comer en la mesa del mejor del Mundo. Pero, literalmente. Lo de comer, vaya. Porque lo de disputarle el trono del fútbol mundial les queda lejos, lejos, lejos…