Un León que ya no ruge

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Es fácil atizar a Ziganda cuando terminas de ver un partido del Athletic. Yo mismo lo hago. Aburre, es feo, desespera y encima el tipo sale a rueda de prensa a decir que él, encima de la bicicleta, es feliz y cree que el Athletic va viento en popa, a toda vela. Pero lo cierto es que el equipo no gana un partido ni a tiros y que no tiene visos de ir a mejorar en absoluto.


Pero no preocupa por su rendimiento en LaLiga. Si nos ponemos a mirar, desde que comenzara el Siglo promedia 53 puntos por temporada, saliéndose muy rara vez del rango que va desde los 45 a los 55 puntos. Salvo un par de años, sus balances de goles marcados/goles encajados se han movido siempre en unos dígitos muy bajos, salvo la Liga que gana el Atlético, donde terminan en +27 y los -18 del año que se libraron de descender por un mísero punto.


Han tenido sus escarceos por Europa, pero tampoco nada relevante. Mientras 8 veces se levantaban por manos españolas el trofeo de la Champions League Naranja, ellos disputaban 6 de éstas ediciones. Buen desempeño general, quedando primero de grupo en 3 ocasiones y quedándose fuera sólo 1 vez. Sin embargo, las Rondas del K.O. nunca han sido su fuerte: sólo en 2 ocasiones han superado los dieciseisavos de final, si bien cuando lo han hecho han caído a manos de clubes españoles: el Sevilla ajusticiaba a los leones en la 2015/2016 en Cuartos y el Atlético de Madrid les privaba de un título en la mismísima final del 2012.


Mención aparte merece la Copa del Rey. El supuesto Rey de Copa lleva desde el 84 sin alzar a los cielos un trofeo del torneo nacional. Es cierto que llegan a semis y finales con cierta asiduidad (2 y 3 respectivamente), pero cuando rozan con los dedos cualquier galardón, se diluyen cual azucarillo en un vaso de agua.


Como vemos, lo raro es que el Athletic destaque deportivamente. Ni gana trofeos, ni rinde bien, ni llega lejos en las eliminatorias con la frecuencia que debería. Pero eran un equipo que competía. Que molaba ver. Que no se arrugaba nunca y que le echaba cojones. Y hablo en pretérito imperfecto porque ya no lo hace, pero espero que algún día vuelva a hacerlo. Espero que la desidia que ahora tiñe sus camisetas se torne de nuevo en la fuerza y garra vascas que tanto han caracterizado su rendimiento a lo largo de los años.


Pero si deportivamente están en su línea de los últimos 15 años, ¿cuál es su problema? Para un foráneo como el que suscribe es su condicionante, tan respetable y admirable como autodestructivo y contraproducente, a la hora de inscribir jugadores. Empezó siendo “sólo jugadores vizcaínos”. No era mal negocio en un momento de la historia donde la globalización no era un hecho ineludible. Los clubes realizaban una mezcla de cantera y fichajes de jugadores soviéticos o sudamericanos, pero el Athletic decidió tirar sólo de lo primero.


La premisa, con el paso del tiempo, se ha ido flexibilizando a “sólo jugadores vascos”, luego a “en Pamplona también son vascos” y ahora, si hace falta remontarse 4 o 5 generaciones para encontrar Rh negativo en el ADN de un jugador, se hace. Y si no, se inventa que jugó en categorías inferiores del Barakaldo porque pasó por ahí con el instituto y en un partido amistoso debutó y nos sirve. Lo que empezó siendo un “los jugadores de la casa” ha terminado siendo “con lo que tenemos no nos llega”.


Pero, sin duda, hay un hecho subyacente mucho más preocupante que viene siendo una constante habitual del club: su descapitalización efectiva. Vender jugadores es una práctica habitual en el fútbol cuando, con el dinero en mano, se va al mercado a fichar nuevas piezas. Sin embargo, dado que el Athletic sigue queriendo mantenerse fiel a esa condición del localismo de sus jugadores, se ha encontrado en varias situaciones recientes llenando las arcas con un dinero al que luego no daban salida en forma de fichajes. No ha sido así el caso de Íñigo Martínez, levantado al eterno rival, primera vez en años que el Athletic ficha con cabeza.


No voy a entrar en el asunto de “Ziganda sí, Ziganda no”, pues la respuesta creo que es bastante obvia y aceptada generalmente. Así que, las preguntas que surgen, las que de verdad importan, son: ¿cuánto tiempo más podrá estar el Athletic compitiendo al más alto nivel con su modelo de club vigente? ¿Está el modelo del Athletic autolimitado? Y, sobre todo, ¿están los aficionados del Athletic dispuestos a aceptar jugadores “extranjeros” con tal de mantenerse en la élite del fútbol mundial?


Personalmente, soy de la opinión de que el Athletic muere esta temporada. Al menos, el Athletic que conocíamos. No tiene forma de seguir abasteciendo sus plantillas año tras año sobreviviendo sólo con jugadores locales. Acabará teniendo que recurrir a gente de fuera sí o sí, más pronto que tarde. Mi mayor duda es cómo se tomará el socio medio del Athletic el escuchar un apellido andaluz, por ejemplo, en la alineación de su equipo cada domingo.

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