Los nuevos ricos no dan el nivel

No son pocas las noticias sobre cuánto se ha gastado el Atlético de Madrid en los años de Simeone, comparándolo con el gasto del Real Madrid y encabezados por el sensacionalista titular de “el Atlético gasta más que el Madrid en fichajes”. En cuanto se miran las ventas se desmonta el chiringuito y quedan los supuestos periodistas con el culo al aire.


También se habla mucho de la supuesta imposibilidad de competir con los dos grandes por culpa del presupuesto. Hasta donde sabe un servidor, cuando el árbitro pita son 22 tipos corriendo tras un balón y no se paran a comparar salarios. Posiblemente, un jugador de algún equipo que ha pegado la machada de ganar en el Bernabéu o en el Camp Nou tenga más motivos en los colores de la camiseta que defiende que las grandes estrellas, cuyo color favorito es el verde de los billetes, para correr y dejarse la piel sobre el campo. Es verdad que a mayor presupuesto, te puedes permitir gastar más en salarios y en fichajes y esto repercute en una mejor plantilla, pero al final, sobre el terreno de juego las cosas se equiparan mucho más de lo que parece ser la opinión media.


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Un claro ejemplo de que el dinero no lo es todo es la Liga conquistada por el Atlético de Madrid, precisamente en el feudo culé, en plena década ominosa barcelonista. Una suerte de oasis en el desierto del que el Madrid se ha animado a beber en otras dos ocasiones, impidiendo que lo del Barsa sea un monopolio absoluto, pasando a ser un monopolio moderado. Sin embargo, parece evidente que hay un escalón todavía por salvar entre los dos grandes históricos y el resto de mortales. O parecía haberlo.


Porque ahora, parece ser que hay otro escalón más: el de los 100 kilos. En el momento en el que puedes permitirte pagar 100 millones contantes y sonantes en salarios, es que algo estás haciendo bien y, desde luego, lo de “club humilde” ya no cuela. Club humilde es el Huesca, el Rayo o el Valladolid, que han ascendido este año y buscan sobrevivir con lo que puedan. Club humilde es el Eibar, el Alavés, el Levante, el Getafe o el Girona, ejemplos de gestión y de cómo con “poquita cosa” y pescando en el tardío mercado de fichajes de finales de agosto, recogiendo las migajas que los grandes no quieren, puedes formar un equipo competitivo. Pero no se pueden considerar humildes clubes como Atlético (casi 300 kilos), Valencia (165 kilos), Sevilla (163 kilos), o Villarreal (109 kilos), posiblemente con más presupuesto para sus plantillas que el montante total de algunos ayuntamientos. Villarreal, precisamente, mueve la mitad justa (unos 55 millones) que el club que le representa. ¡Ojito al dato eh!


Pero, cuidado, si han alcanzado esas cifras es por méritos propios. Nadie les ha regalado nada. Tener papeles protagónicos en las competiciones europeas, ser una gota malaya que golpea a sus rivales Liga tras Liga para alzarse hasta las posiciones de prestigio y ser competitivos y con buenos acuerdos comerciales les ha encumbrado a una posición muy ventajosa pero, que como diría Peter Parker, conlleva una gran responsabilidad. No es fácil la misión que se les viene encima teniendo presupuestos de tan alto nivel pues, desde el aficionado medio, se les exigirá un rendimiento adecuado. Lo que se espera de ellos es que compitan a un grandísimo nivel, que sean bestias competitivas, que luchen con los grandes, que no les pinte la cara un cualquiera


Así que, cuando miramos la tabla clasificatoria y vemos que el Atlético lleva 5 puntos de 12 posibles, que el Sevilla lleva 4, igual que el Villarreal y que, todavía por debajo, con 3, viene el Valencia, todos vemos que algo falla. Quizá la pasta no lo sea todo. Quizá pagar más a los jugadores no asegura tener mejor capital humano ni que éstos vayan a rendir mejor. Quizá en el deporte, como en la vida, el dinero no lo sea todo.