El Valencia dio vida al otro fútbol

Hay victorias y victorias. Triunfos más importantes que otros. Y en ocasiones, incluso, un mismo hito tiene valores diferentes. Los contextos, los escenarios, los entornos. Todo cuenta.

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El Valencia se coronó campeón de Copa del Rey este pasado fin de semana consiguiendo un título copero que tenía un claro color azulgrana en la previa. El favoritismo del Barcelona, quisiéramos o no, era real. Su mayor virtud era su mayor hándicap. Su superioridad futbolística era, al mismo tiempo, su peor enemigo. Pero no. No ocurrió. El conjunto valencianista se contagió de una ilusión innata que fue capaz de mover una auténtica y maravillosa marea humana hasta Sevilla, contagiando a decenas de miles de personas en Valencia, generando una corriente de energía que acabó siendo determinante en el partido.

Ganó el Valencia su 8º título copero en una noche que ya ha quedado grabada en letras doradas en las retinas de millones de valencianistas. Un triunfo que consagró la victoria del 'otro fútbol'. El fútbol alejado de las megaestrellas mundiales, alejado de los grandes focos nacionales, que sigue valorando la matriz del deporte, que sigue saboreando las mieles de un éxito que otros menosprecian.

Victorias como las del Valencia en Copa del Rey o del Athletic Club hace unos años en Supercopa de España hacen al fútbol reencontrarse con su versión más virgen, esa que valora los mínimos detalles, que hace llorar de alegría a aficionados acostumbrados a la 'sequía'. Uno ve imágenes de la capital del Turia celebrando el título, o de la ciudad de Bilbao hace unas temporadas, y se reencuentra con un fútbol que muchas veces parece lejano, olvidado.

Evidentemente, es la élite. No hablamos de fútbol modesto, ni ligas menores. Hablar de un club como el Valencia hace analizar un contexto prestigioso, hace colorear un contorno poderoso. Juegan en Primera, disputan los grandes torneos continentales. Pero permítanme hablar del 'otro fútbol' para analizar este tipo de victorias con un detalle que deja claro la triste diferencia de contextos. El Barcelona (o eso decían los medios locales) tenía vacaciones al día siguiente de la la Final de Copa en Sevilla. Una victoria del conjunto azulgrana hubiera sido una más, hubiera sido celebrada, pero con un acento de rutina, de poca sorpresa.

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Pero no. Ganó el Valencia para reencontrarse 11 años después con la Historia, para reencontrarse con sus páginas doradas pasadas, para saborear como se merece un título copero que resigna cada año a acoger a los mismos protagonistas, restando valor místico y romántico a cualquier palabra o gesto de celebración posterior. El fin de semana en Valencia fue de celebración, de emoción, de festividad total y absoluta. Las calles se llenaron de mujeres y hombres, de mayores y pequeños, de vecinos unidos por un sentimiento propio que tiene un enorme valor y sentimiento local.

Había aficionados valencianistas que no habían vivido nunca un triunfo de los suyos. Existían otros que sí habían vivido la histórica etapa vivida entre los años 2000 y 2006, pero que añoraban una victoria, por mínima que fuera. La explosión de júbilo, ilusión, felicidad, inundó la zona valencianista del Benito Villamarín, inundó gran parte de la capital del Turia. Las lágrimas de Dani Parejo. La alegría inmensa de Marcelino García Toral. Situaciones que, perdónenme, no hubiéramos visto en caso de victoria barcelonista. Y es lo que debe celebrarse.

Fue el triunfo del 'otro fútbol'. Fue la victoria del fútbol que, por mucha élite que dispute, siempre tendrá que vivir a la sombra de grandes potencias que manejan hilos rozando la ilegalidad, que sobreexplotan el fútbol, que atraviesan arrasando las fronteras de lo deportivo para convertirse en puras empresas para hacer dinero. Estrellas alejadas de sus aficionados, megaestadios donde cada vez se pierde más el acento autóctono, donde el turismo de fútbol lleva años instalándose y edificando una nueva realidad que ya incluso aborrece el más fiel seguidor del lugar. Son grandes, son potentes, pero ya no son puros. Es por ello que triunfos como el del Valencia (que insisto, es un grande comparado con equipos de ligas menores, que nadie se me ofenda) hace a muchos reencontrarse con un fútbol que cada vez más se añora como aquella etapa en la que era puramente deporte.

El Valencia, su afición y su ciudad celebraron el título como se merece.