El árbitro, ese gran..... (añada aquí su adjetivo preferido)

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Es muy probable que sea el puesto de trabajo más complicado en todo el submundo que rodea al fútbol. Si el delantero falla un gol cantado, es posible que le sienten. Que a un portero le metan un gol se tiene ya por algo normal, propio del juego. Las entradas fuera de tiempo por no saber estar en tu puesto se sancionan con tarjeta, y tan amigos. Pero ellos no deberían equivocarse, ellos deberían ser perfectos, verlo y oírlo todo, estar siempre en el sitio apropiado. El problema es que parece que cada vez son peores, cada vez ven menos y cada vez tienen más ganas de protagonismo.


Nadie discute que su labor es la más complicada: 22 tíos durante 90 minutos intentando engañar a 4 mequetrefes para que les piten cosas que no existen, intentando beneficiarse de la situación, perjudicar al rival o, en muchas ocasiones, ambas a la vez. Mención aparte merecen todas las sutiles observaciones que muchos jugadores realizan a cada decisión tomada por los colegiados, todas ellas carentes de insultos, velados o directos, aspavientos, intimidaciones,… Desde luego, su papel es francamente complicado. Pero… ¿tan complicado que justifica errores graves en cada encuentro?


Este artículo está suscitado por el escandaloso robo acometido ayer en Mestalla. Entiendo que para el aficionado ché es complicado reconocerlo, que saldrán con “en otros partidos nos han robao” o demás demagogias baratas del tipo “ojo por ojo”, pero lo que es innegable es que ni el penalti a Zaza es penalti, ni el gol anulado al Levante está bien anulado. A partir de aquí, cada uno puede sacar sus propias conclusiones, pero que el ilustre señor David Medié Jiménez la noche del domingo cometió una serie de graves errores, es innegable. Y en éste partido, podemos hablar de que el árbitro sea malo él, de por sí, sin tener relación con todo el estamento arbitral. Pero es que no es así.


El señor Pablo González Fuertes y el señor David Fernández Borbalán no deben haber hablado mucho entre ellos últimamente. El primero tuvo los santos bemoles de expulsar a Siovas, primera expulsión de toda su vida profesional, por una mínima protesta. Mientras, el segundo, tuvo los redaños para ver cómo Luis Suárez gritaba, insultaba e incluso disparaba un puñetazo al aire en dirección a su asistente principal sin inmutarse ni llevarse la mano al bolsillo. Podríamos hablar de diferencia de criterios, de no saber aplicar el reglamento o de agravio comparativo. Usted decide.


Lo que está claro es que no son capaces de impartir justicia cuando existen diferencias tan grandes de un partido a otro, incluso de un área a la otra. Es inviable que el sistema actual se mantenga. El problema viene cuando, cualquier innovación que busca ayudar a la difícil tarea de arbitrar, es vilipendiada hasta la extenuación, argumentando que “mata el espíritu del deporte”. Debe ser que la NBA o la NFL no son deportes, que la Premier es menos Premier por castigar el flopping al final de cada jornada o que Bundesliga y Serie A son peores por incorporar la tecnología. Porque, al final, volvemos a lo mismo de siempre: no nos importa el fútbol, nos importa la polémica alrededor. Poder ir al bar al día siguiente a quejarnos del robo que han perpetrado en nuestra contra.


Así pues, seguiremos viendo cómo algunos equipos conquistan de forma inmerecida trofeos gracias a las malas actuaciones de los colegiados. Porque esta vez fueron 3 puntos al Levante o 1 punto al Leganés. Pero puede suponer un descenso de categoría, perder un trofeo en una final, tirar por tierra todo el trabajo de una temporada completa… Pero el VAR es una mierda, la tecnología de gol es una mierda, e Isaac Fouto sabe lo que dice.