Ya está bien de VARrabasadas

Cuando durante el verano veíamos la aplicación del VAR en el Mundial, no había nadie que pudiera quejarse. Decisiones justas, menos errores a la hora de sancionar, menos polémicas… ¿Qué se perdía tiempo revisando jugadas? Sin problemas, se añadía después de forma bastante equivalente. Pero la sensación general era que funcionaba, que era útil y que supondría un gran avance en términos arbitrales. Pero nunca pensamos que quienes tuvieran que aplicarlo en España fueran árbitros españoles.


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El árbitro español, ese ser superior a todos en posesión de la auténtica verdad y al que no se puede cuestionar. Ese ser al que la palabra “interpretativo” le permite pitar lo que le dé la gana. Ese ser con criterios diferentes que modifica no sólo de partido a partido, sino que dentro del mismo encuentro ve dos jugadas iguales y las sanciona de forma diferente.


Como era de esperar, al árbitro español no le gusta tener en su orificio auricular un diminuto ser a modo de pepito grillo diciéndole las cosas que no quiere oír. Si te dicen que te has equivocado, lo normal es ir a comprobarlo, pero el árbitro español no puede hacer eso. Hacerlo sería reconocer que ha fallado. Sería perder puntos. El árbitro español es ese que, en el momento que se le sugiere que debería revisar la jugada, se planta firme y dice “lo tengo claro”.


Es la única explicación lógica que se puede dar a ciertas jugadas que estamos viendo últimamente en los campos de España. Porque hay que reconocer que algunos lo hacen bien y reconocen “fácilmente” que han podido equivocarse, echando mano de la tecnología disponible. Recorres menos de 50 metros y tienes un precioso monitor para poder ver cuantas veces quieras las jugadas que, desde el VOR, te dicen que convendría que las vieras de nuevo. Pero hay otros a los que debe salirles urticaria si se acercan al famoso monitor. Porque ya no se les pide que confíen ciegamente en la palabra del VAR, sino que tengan la humildad de reconocer que si alguien sentado en una sala remota a los mandos de muchos monitores te dice que una jugada es dudosa, asume que ellos han tenido mejores circunstancias para ver las cosas claras y que tú, desde tu posición, no has tenido todos los ángulos posibles.


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Pero sin duda alguna, la principal lacra del fútbol y el arbitraje español siguen siendo los añadidos. Porque errores interpretativos ha habido siempre y más o menos tenemos asumido que seguirán pasando, pero que teniendo las herramientas tan a mano como es llevar un puñetero reloj en cada muñeca, uno con tiempo corrido y otro parándolo cuando se detiene el juego, conseguiríamos solucionar un tema tan clamoroso como añadidos de 2 minutos cuando se hacen los 6 cambios o esos árbitros que no suben de 4 aunque hayan pasado 3 escuchando mano en pinganillo a ver qué tenían que decretar finalmente.


Mucho VAR y mucha tecnología, pero el arbitraje español sigue en el medievo