Leo Messi y el valor innato de la determinación

Cuando eres el mejor jugador del planeta (y de la Historia para muchos) pocas veces te ves sometido a críticas objetivas. Hoy en día, en la era de las redes sociales, donde todo es fugaz, eléctrico, dinámico y rápido, conseguir pensamientos tranquilos, analizados, sesgados, parece tarea casi imposible. Mucho más cuando se trata de fútbol, donde todo nace de la pasión y el impulso. Mucho más, reitero, cuando eres el mejor futbolista del mundo y generas millones de comentarios y opiniones diarias.


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Messi fue el jugador más destacado el pasado fin de semana en el derbi catalán disputado en Cornellà-el Prat entre Espanyol y Barcelona. Dos goles de bellísima factura tras lanzamiento de falta y una asistencia con decenas de detalles durante los noventa minutos. Hasta aquí no sería noticia, ya que es lo más común en su trayectoria, en su carrera deportiva. Noche en la oficina para él. La clave de todo llegaba en la previa, unos días antes. Primero, por la lista oficial del Balón de Oro, en la que quedó clasificado en una más que cuestionable quinta posición. Segundo, porque Pelé (considerado uno de los mejores futbolistas de la Historia) arremetió duramente contra la estrella argentina del Barcelona. Una opinión que podría haber descrito a cualquier jugador de clase media, pero que tratándose de Messi quedó bastante desvirtuada.


Al parecer, viendo la quinta posición del prestigioso (o no, esto es otro debate) galardón y la opinión de Pelé, Messi es un jugador casi vulgar, de marca blanca. Pero ante el Espanyol volvió a dejar claro que se trata de un futbolista de talla mundial, de detalles ricos en pureza mineral, de un individuo único en su labor futbolística. Un jugador determinante como pocos en el mundo, capaz de marcar el destino de su equipo y del rival en milésimas de segundo, y que ha sido ninguneado con opiniones que parecen alejadas de la objetividad. Unas, quizás por dinero y márketing. Otras, quizás fruto de la edad y de pertenecer a otra generación social, cultural y deportiva.


En Barcelona aseguran que la gran actuación de Messi en Cornellà-el Prat tuvo su origen innato en el orgullo de querer demostrar (como si le hiciera falta hacerlo) que es el mejor jugador del planeta. No ha habido declaración pública ni oficial en ningún lado. Pero sí en el campo, sí sobre el césped, sí donde debe seguir demostrando que pertenecemos a una generación de privilegiados que hemos visto al '10' argentino en acción semana tras semana. Aseguran que a su calidad innata se le sumó el plus personal del que se siente menospreciado, incluso dolido. Quiso callar a voces necias, a opiniones que muchos dudan de su veracidad y poder por su aroma a habitación cerrada.


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Messi es innato en su calidad, en su determinación. Leo Messi es innato en su toma de decisiones, en su poder de hacer cambiar el destino de los partidos como muy pocos en el mundo. Se podrá cuestionar y poner en duda si es el mejor, si no lo es. Puede parecer un debate inútil, pero habrá gente que, libremente, no esté de acuerdo en su virtual y gaseosa posición de ser el mejor. Libertado de opinión, dicen. Pero existe una realidad objetiva basada en estadísticas, en récords, en cifras goleadoras, en aportación directa sobre los partidos, que nadie puede cuestionar. Messi no es un jugador vulgar, no es un futbolista cualquiera. Y eso es algo asimilado al cien por cien por el planeta fútbol. Es un fantástico jugador, una maravilla para el espectador conocido y neutral, e incluso (aunque les duela reconocerlo) para el desconocido y rival.


Es por ello que la elección del último Balón de Oro ha vuelto a demostrar la decadencia del prestigio del galardón. Quizás hayan entrado en juego factores que van más allá del deporte, y ahí se crea un escenario donde la realidad y veracidad se basa en cuestión del dinero. O no, quién sabe. Pero además, las palabras de Pelé (que pertenece a ese grupo de ex-jugadores retirados que tienen el poder de la rotundidad porque alguien se la dio hace décadas) han quedado tan en fuera de lugar que ha supuesto una reforma emocional hacia su figura, sobre su edad, sobre si su salud mental empieza a tener consecuencias vitales. Pero es Pelé, y si Pelé dice que la paella se hace con piedras y no con arroz habrá que hacerle caso, supongo. Porque es Pelé, ya saben.


Messi habló en el derbi catalán, y lo hizo en tonos rotundos, altos, graves, en un volumen suficiente para que no hiciera falta la activación de la megafonía. Messi tiene el don innato de la determinación, y cuando entra en acción no hay opinión prácticamente al respecto. Ocurre. Lo disfrutan unos, lo sufren otros. Y el resto aplaude desde fuera.