Leo Messi no es universal

La perfección universal no existe, o al menos eso es una de las realidades más sólidas que existen. Es común escuchar, leer, sobre esta afirmación, y cuando uno analiza un poco su profundidad, aparecen ciertos argumentos que le otorgan cierta solidez. Una obra de arte es objetiva. Un cuadro, una película, una canción, e incluso un poema. Son creaciones que nacen de una forma concreta para ser emitida y, al mismo tiempo, recibida. Es ahí cuando entra la percepción del receptor, cuando algo se convierte en bueno o malo, en mejor o peor, y evidentemente es cuando entra en juego el factor de la perfección.


Un atardecer en la Costa da Morte puede ser precioso para una pareja de enamorados que está sentada en el mes de agosto esperando ese momento juntos, que quedará grabado en su memoria. Pero al mismo tiempo podría ser triste, aburrido, o terriblemente perjudicial para alguien que pasea por ahí y recientemente ha perdido a su novio o novia. El mismo atardecer será perfecto para unos y una pesadilla para otro. Y así con las películas (personalmente he visto algunas consideradas “obras de arte” que me parecen aburridas), canciones, o incluso personas. Cuando entra en juego el factor subjetivo, todo adquiere un contexto que se barajará con lo personal. Lo que para alguien es bueno, seguramente será malo para otro. Lo que para alguien es bonito puede ser al mismo tiempo horrendo para otra persona. Y así con todo.

Partiendo de esto, hablemos de Leo Messi. Seguramente uno de los mejores jugadores de la Historia. Seguramente el mejor jugador del fútbol actual (esta afirmación podría entrar en juego con lo comentado en los dos primeros párrafos cuando personas piensan que Cristiano es mejor, y ambas afirmaciones deberían ser respetadas del mismo modo). Pero, ¿es Leo Messi perfecto desde el punto de vista futbolístico? Ocurre algo curioso con el jugador argentino. Un futbolista de dos versiones, casi bipolar, de frentes antagónicos que le cuenta con un hándicap que arrastra desde los comienzos de su carrera deportiva.

Messi es comparado desde sus inicios con Diego Armando Maradona. Palabras mayores. Seguramente un elogio a primera vista, pero una etiqueta de magnitudes gigantescas que asigna un factor de tensión y exigencia que tiende a explotar cuando algo patina, cuando algo descarrila del camino marcado, y las críticas suelen ser de dimensiones planetarias.

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¿Por qué Leo Messi rinde de forma única con el Barcelona y no rinde como se espera cuando luce los colores de la albiceleste de la Selección Argentina? Es un misterio que ha despertado decenas de puntos de vista, que ha creado cientos de debates televisivos en España y Argentina, y que sigue produciendo conversaciones de todo tipo sobre su figura, sobre su rendimiento y sobre cómo rinde en uno y otro equipo.

Una estrella descomunal, única e innata luciendo la camiseta azulgrana, y un futbolista de omnipresente decepción (por las expectativas creadas) cuando defiende los colores de su país. Ha vuelto a ocurrir. Messi decidía apartarse del combinado nacional tras el pasado mundial de Rusia. No era una retirada, sino una pausa. Pero volvió, y lo hizo ante una Venezuela que se llevó la victoria en el Wanda Metropolitano. La Argentina de Messi perdía en un encuentro en el que la estrella de Rosario no rindió como se esperaba. Y entonces, la polémica de siempre, la pregunta desvirtuada que se ha convertido en un lastre para Messi.

¿Por qué no rinde con Argentina? ¿Por qué es el mejor jugador de la Historia jugando con el Barcelona? El día y la noche. El blanco y el negro. Las diferencias rozan lo vulgar. Pero, ¿realmente fracasa Messi con Argentina? ¿Por qué Messi decepcionó contra Venezuela y no lo hicieron sus otros compañeros que también estuvieron presentes? ¿Por qué se carga todo sobre él? La culpa de esta exigencia tiene nombre y apellidos, es considerado un ser divino en Argentina y se llama Diego Armando Maradona.

Existe una corriente que afirma que no tiene el mismo entorno, escenario ni poder en su país y en Barcelona, que son sus compañeros los que le hacen determinante y no tanto su calidad (suena hasta ordinario esto), y que de forma conjunta explican la enorme diferencia entre el Messi de la selección y el Messi que juega semanalmente en Europa luciendo los colores azulgranas.

Leo Messi no es perfecto. Es un jugador extraordinario, único en multitud de aspectos, pero no es perfecto. Primero, porque el término perfección siempre estará sujeto a la valoración personal y subjetiva. Pero, sobre todo, segundo, porque muestra dos versiones que distorsionan una realidad única y tajante. Una realidad que sigue, y seguirá, planteando la incógnita de qué le ocurre con su selección. Messi volvió 8 meses después y la realidad parece seguir siendo la misma.


Artículo realizado por Esteban Gómez (@mirondo9)