El valencianismo debe apagar este incendio

El Valencia convive desde este pasado verano en un escenario contradictorio en el que combate con múltiples incendios que, lejos de ser apagados, parecen estar más candentes que nunca. Primero, a nivel institucional. Luego, a nivel deportivo y de resultados. Y, ahora, incluso entre los propios aficionados. ¿El gran perjudicado? El club.

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Es una pena vivir desde la distancia esta situación. Un equipo que hace apenas 4 meses hacía historia, firmaba un final de temporada excelente, brillante, muy seriamente exitoso. Suele decirse que en el fútbol no existe el recuerdo. Es injusto, lejano a cualquier lógica esperada, pero es la gris realidad que se vive en la capital del Turia desde hace semanas.

La crisis es real. Un club sin camino claro, con un propietario que toma decisiones, digamos, bastante cuestionables, con una afición que cada vez parece más fraccionada, fracturada. Unos a favor de Lim, otros en contra. Unos a favor de los cambios, otros en contra. Y pese a que una situación pueda parecer más lógica que otra al fin y al cabo debe ser igual de respetable. Sin embargo, parece que el entorno del Valencia vive una tensa batalla dialéctica casi a diario que ya incluso se ha visto reflejada en la siempre exigente grada de Mestalla con gente que hace pública su añoranza hacia la figura de Marcelino, mientras que de forma automática otros responden con cánticos a favor de Albert Celades. Un ejemplo de varios.

Una ruptura cada vez más visible. Una fractura creada desde la zona alta con unas cuestionables decisiones que ya ha creado (otra vez, recuerden la era previa a la llegada de Peter Lim) una guerra interna. Uno puede entender los piques entre aficiones. Siempre y cuando nazca desde la salud y el juego limpio puede parecer normalizado (incluso lógico) que un aficionado del Valencia no desee la victoria de equipos rivales. Pero la situación actual es surrealista. El pique ya no es hacia receptores externos. Las recriminaciones ya son internas. Se están creando pequeñas batallas dialécticas que (quién sabe, ojalá no ocurra) puede llegar un día que sobrepase la palabra y acabe en algún que otro enfrentamiento físico.

¿Quién sale beneficiado? Evidentemente, el Valencia no. Ni a nivel institucional por la imagen de debilidad que ya se ha instalado de puertas a fuera, ni a nivel deportivo. Sólo hay que ver los resultados. ¿Quién sale beneficiado? Evidentemente, los rivales, sus aficionados, que se relamen desde la distancia viendo la debilidad del rival, porque la lógica llama a que este tipo de incendios llevan a la irregularidad, a los tropiezos, y a medio-largo plazo debería traducirse en descartarse de cara a la pelea deportivo por objetivos compartidos.

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Paren. Piensen. Puedo entender las posturas de unos, las posturas de otros. Puedo incluso entender que la gente quiera expresarse. Pero no, me niego a pensar que eso deba ocurrir en Mestalla, durante los partidos. El equipo está viviendo un irregular inicio liguero que, por otro lado, hace que la burbuja siga creciendo. La gente va enfadada, con el objetivo de mostrar su (respetable) opinión a favor o en contra de los propietarios, y se olvidan de que lo realmente importante en todo esto ocurre sobre el césped. El pasado domingo, el último ejemplo. Llegaba al coliseo valencianista uno de los peores equipos del campeonato español, uno de los equipos con más problemas deportivos en este inicio liguero, y todo acabó en empate 1-1. Un resultado, evidentemente, más favorable al Leganés que al Valencia.

Paren. Piensen. Es urgente que aparezca nuevamente la unión, la familia, el consenso, la unanimidad que paró en su día la marcha de Mateu Alemany. La situación interna parece no haber cambiado, es cierto. Se sigue afirmando que Mateu podría tener fecha de caducidad. Pero todo el mundo sabe que cuando estalló la bomba informativa el enfado del valencianismo de forma unánime paralizó todo. Es una realidad indudable. Que aparezca, por favor, de nuevo. El Valencia lo necesita. Un equipo en problemas deportivos lo último que necesita es un incendio en el entorno, en los aledaños del escenario.

Evidentemente, se pueden tener posturas diferentes sobre la situación del club, pero es una situación común. El valencianista que está en contra de Peter Lim y el valencianista que está a favor es, en la base, en el fondo, valencianista. Son la familia valencianista. La familia que necesita el club en un momento complicado. La irregularidad del equipo es notable. Capaz de caer duramente goleado en el Camp Nou, capaz de ganar a todo un Chelsea en Stamford Bridge y de empatar ante el colista español en casa. Todo ello en apenas una semana. Una bipolaridad que evidencia la crisis.

Paren. Piensen. Hay una realidad inalcanzable para los aficionados. Si Peter Lim sigue, si no quiere irse, si no quiere vender y se mantiene presente es algo indudable de que nada va a cambiar en el club. Pero el valencianismo debe estar al lado de los suyos. ¿Opiniones diferentes? Respetables todas, incluso lógicas, pero que no afecte al equipo, que no se traslade a la grada durante los partidos. Que Mestalla no se convierta en un escenario favorable a los rivales, que Mestalla no se convierta en un quebradero de cabeza para el Valencia.