Daddy is home

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La última vez fue a las 20:45 del 24 de Abril de 2014. El lugar, el Estádio da Luz, Lisboa, Portugal. Células madre de placenta de yegua mediante, Diego Costa se pertrechaba por última vez con la elástica rojiblanca para la que iba a ser su última gran batalla. Era una final. Había que estar sí o sí. No importaban lesiones, dolores ni molestias, era una cita ineludible. Sin embargo, 9 minutos después de escuchar el himno de la Champions cogía el camino de los vestuarios de forma anticipada porque su rodilla no daba para más. Tendrían que pasar 1320 días para volver a verlo de rojiblanco.


Aún no se había ido y ya se le estaba pidiendo que volviera. Un acuerdo firmado de forma anticipada le vinculaba con el Chelsea cuando acabase la temporada, vínculo que trataría de romper en numerosas ocasiones pero que hubo manera. Probablemente, la alineación de Courtois contra el propio Chelsea en esa misma Champions no ayudara a suavizar posturas por parte de los ingleses. Se marchaba. 


El Kun, De Gea, Fernando Torres lo habían hecho antes y junto con él lo harían Filipe y Thiago, aunque el primero tardaría sólo 1 año en volver y el segundo no llegaría a irse del todo. El periplo inglés parecía el irremediable destino final de cualquier colchonero que despuntase. Aunque, no nos vamos a engañar, se fue porque quiso, porque le pagaban más, porque lo veía como una forma de medrar. Nadie le obligó a irse. Sin embargo, siempre tuvo la puerta abierta.


Vino un francesito para intentar hacer olvidar al de Lagarto. Otro cuerpo, otro juego, otro estilo. Al principio la cosa parecía funcionar. El equipo estaba evolucionando hacia el estilo que mejor le venía a su estrella, pero a veces las cosas no salían. Pese a todo, el equipo volvió a una nueva final de Champions. Y la estrella, volvió a fallar. Si 2 años antes Diego Costa se salía del terreno de juego antes de los 600 segundos de encuentro, Antoine Griezmann marraba un penalti durante los 90 minutos reglamentarios. Sin lesiones. Sin alineaciones controvertidas. Errores meramente deportivos. La sombra del pupas seguía revoloteando.


Las cosas empiezan a torcerse con el francesito y no hace sino avivar las llamas de los fuegos que pedían la vuelta de Diego Costa. Cuanto más hablaba Griezmann, más se movía el regreso del Lagarto. Y él se dejaba querer. Y la gente se emocionaba. Su Instagram se llenaba de fotos enigmáticas subidas con un propósito, videos con camisetas rojiblancas, frasecitas dedicadas a un míster con el que no era la primera vez que tenía algún rocecillo público. Y así llegamos a 2017, el año en el que se rompería toda la baraja. 


Una controvertida sanción administrativa impedía fichar al Atlético de Madrid durante 2 ventanas de fichajes como ya le pasara al Barsa previamente. Lo que parecía la inminente vuelta de Costa tornaba en decepción porque nadie imaginaba que fuese a pasarse 1 año entero sin jugar. Pero cuanto más se acercaba el verano, más complicada era la relación Costa-Chelsea-Conte. 


Finalmente, se obra el milagro. Tras un verano de indisciplina, de fiestas de piscina, de desoír llamadas de su técnico y fechas de entrenamiento, tras acumular miles de libras en multas por desobediencia de su club…llega a Madrid. Gordo, dicen muchos. Caro, dicen otros. Sea como fuere, está a las órdenes del Cholo. O del Profe Oterga, mejor dicho. Se pasa el día machacándose en su preparación física. Pasan las semanas y todo lo que vemos de él es algún video entrenando con el Profe. Va cogiendo tono. Se pone como un toro. Y pasan los días. Y las semanas. Y los meses. Y llega 2018. 1320 días. Han pasado 1320 días desde la última vez que el delantero más cholista se enfundó por última vez el traje de superhombre.


2 partidos. Unos 90 minutos en total. Casi se lesiona. 2 goles. 3 peleas. 1 expulsión. Son datos que ocultan lo que realmente aporta al equipo: garra, presión, alma, darle a Griezmann una posición más favorable, regalarle a sus compañeros un metrito por parte de los defensas, más atentos a un 9 de verdad. Bienvenidos al reinado del terror de la AG/DC.